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El turismo comunitario, clave del empoderamiento de la mujer en el mundo maya

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ESPAÑA.– El turismo comunitario, modalidad que ofrece al viajero un conocimiento más cercano y profundo de las culturas autóctonas, se ha convertido en clave para el empoderamiento de las mujeres en el mundo maya.
Los cinco países herederos de esa rica tradición, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y México, han visto crecer en los últimos tiempos asociaciones y cooperativas cuyos objetivos son que pobladores de esas comunidades guíen a los turistas en un recorrido por su cultura viva y que los fondos obtenidos redunden en ellas.


En esos emprendimientos las mujeres ocupan un lugar preponderante.
“El papel de las mujeres en el turismo comunitario y en toda la vida es primordial, porque somos las generadoras de todo el movimiento de la organización, de las comidas y también hay mujeres guías, tenemos puestos directivos… Estamos en todas las fases”, explica Justita Ríos, representante del centro ecoturístico Top Che, situado en la Selva Lacandona, en Chiapas (México).
La Organización Mundo Maya, entidad pública creada en 1992 y que abarca a los 5 países, presentó hoy en la 39ª edición de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) varios proyectos gestionados directamente por los habitantes de las comunidades y, para ello, ha desplazado a Madrid a siete de sus representantes.
La Asociación de Guías de Ecoturismo Rupalaj K’istalin, de San Juan La Laguna, en Guatemala, está estrechamente vinculada al trabajo protagonizado por mujeres.
Una de sus integrantes, Olga Cholotio, recuerda que en la comunidad tz’utujil, de la que ella procede, las mujeres dependían “de si el hombre trabajaba en el campo, en la oficina” y tenían que “esperar la paga”, pero que “ahora los papeles son a la inversa”.
“En estas comunidades tz’utujiles las mujeres han tomado fuerza, han venido proyectándose a través del trabajo que realizan, ya tienen un valor. Tenemos derechos para poder resaltarnos a nivel social a través del turismo”, indicó.
Todos coinciden en remarcar que el turismo comunitario concede al visitante “una experiencia única, inolvidable, positiva”, como declara Yobani Peraza, presidente de la Asociación de Guías Copán, en torno a ese sitio maya situado en Honduras, mientras que los habitantes locales obtienen “fondos para el mejoramiento de la calidad de vida”.
Esa impresión la refuerza Justita Ríos, quien insiste en que aspiran a que los turistas “no sientan que son clientes”, sino que estén “como en casa realmente”.
“Queremos que vivan con nosotros, aunque sea un día, un ratito; los pasamos a la casa a tomar un café, los llevamos a la milpa (maizal), a recolectar calabaza o papaya, lo que haya, y luego se preparan la cena”, reconoce.
También Juan Ariel Pop Sánchez, presidente de la Comisión de Turismo en OMYC (Organización Manejo y Conservación) de Uaxactún (Guatemala), relata que los turistas pueden “extraer xate (especie endémica) y chicle” con ellos y que, entre otras actividades, celebran “con platillos típicos y únicos de la comunidad” el equinoccio de primavera y visitan el observatorio astronómico maya.
La tradición de los veteranos y la inquietud de las nuevas generaciones se dan la mano en estos núcleos y, como dice Olga Cholotio, “la experiencia de los más adultos” permite que los jóvenes transmitan dichos conocimientos, aprovechando “la tecnología” para los sitios web que gestionan en la comunidad.
“A nuestra edad ya no podemos vivir sin turismo”, reconoce.
Si esta modalidad turística ha servido a las comunidades para obtener recursos propios, para mostrar al viajero una relación respetuosa con el medioambiente y para que éste experimente una manera diferente de conocer un país, el grupo más favorecido, según se desprende de sus manifestaciones, es el de las mujeres.
“El turismo comunitario ha sido como una parte liberadora, donde, como mujeres, podemos trabajar, apoyar a la economía familiar, tener cierta independencia y tomar nuestras propias decisiones”, resume Ríos, quien dice que “el empoderamiento de la mujer es un proceso en el que a veces se retrocede” pero que hay que seguir “en la lucha por ese espacio”.
“Que nuestras opiniones sean escuchadas y aplicadas”, concluye.

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